Los dulces tradicionales de México han tenido una historia que va de los sabores melosos a los azucarados y se han preparado en entornos que van desde las tradiciones paganas a las católicas. En los tiempos prehispánicos, las grandes culturas de Mesoamérica preparaban dulces principalmente con miel de hormiga, miel de abeja, de avispa, o de maguey, así como también pinole, cacao, piloncillo o canela. Tras la Conquista, el descubrimiento de otros ingredientes, como los productos lácteos, propició la aparición de nuevos dulces típicos, muchos de los cuales se elaboraban en los conventos de la Nueva España. Es tiempo de mencionar 5 de los dulces tradicionales más gustados de México.

Ate

Se trata de una jalea que se prepara principalmente en el estado de Michoacán y que tiene procedencia árabe. Combina pulpa de fruta y azúcar calentada en cazuelas de cobre. Uno de los ates más sabrosos es el de membrillo, aunque también los de guayaba y durazno, son muy gustados por los comensales en todo el país.

Merengues y gaznates

Golosina zacatecana, en sus orígenes, aparecía entre los remedios caseros para quitar la tos en combinación con jugo de limón. Es habitual todavía escuchar en las calles de los pueblos y ciudades de México, el grito anunciante del vendedor de merengues y gaznates. El merengue es el relleno de los gaznates: conos de galleta muy delgada que resultan deliciosos al paladar.

Glorias

Procedentes de Nuevo León, las glorias destacan en el panorama culinario de nuestro país por su suave y rico sabor. Se trata de dulces de leche creados por Natalia Medina Núñez, quien las creo a mediados del siglo XX.

Charamuscas

Son dulces tradicionales del estado de Guanajuato. Se preparan a base de azúcar, mantequilla y piloncillo. Uno de los aspectos más curiosos de las charamuscas es que su forma de tirabuzón busca evocar a las famosas momias de Guanajuato. Algunos piensan que fueron creados en Aguascalientes. Se les puede hallar en diversas regiones del país, complementadas con nuez o coco.

Chingaditos

Este rico postre del estado de Querétaro consiste en camotes en almíbar que se venden en pequeñas cajas de madera. Es un platillo que se acostumbraba tomar en el desayuno acompañado de leche. Muy probablemente los orígenes de los chingaditos pueden hallarse en las cocinas de las monjas clarisas, quienes los servían con abundante miel, para disfrute de las autoridades de la Iglesia.